Páginas vistas en total

sábado, 9 de abril de 2011

Yo, y mis profesores.


A 9 de abril, inmerso en plenos exámenes finales, no puedo no pensar en mi vida como estudiante. La verdad, esta pequeña reflexión debería ser escrita en http://ferroydesastres.blogspot.com/ , pero la editaré aquí también para que más gente pueda leerla.

Este año, mi primero como estudiante universitario, he notado el cambio que llevaba tiempo deseando experimentar. No sólo en cuanto a responsabilidad, sino también como persona.
La universidad nos enseña a pensar, a posicionarnos en un lado u otro del mundo, en tomar decisiones y en adquirir criterio. En opinar cuando se sabe y en aprender para opinar.

Después de leer el más que interesante relato de mi prima (podéis hacer lo mismo en http://clo-alegrameeldia.blogspot.com/ ) me he dado cuenta de que me irrita (todavía más) la actitud con la que el mundo nos trata, como si fuéramos borregos rumiando información que jamás fuésemos a procesar... Y no es así, algunos pensamos, estudiamos y aprendemos. Tenemos hambre de conocimiento, ansia de reconocimiento y el orgullo para demostrar que somos tan (o incluso más) válidos que generaciones anteriores.

Así es que no me queda otra que hablar de mis profesores. ¡Cuántos he tenido! De todo tipo: amables, arrogantes, simpáticos, reacios al feedback entre alumno y profesor, amigos, enemigos, buenísimas personas y no tan buenas, etc.

No hablaré de los malos, no merecen tener un hueco en este espacio personal. Pero si lo haré de los buenos.
A los 4 años ingresé en el Colegio Cluny, de Santiago de Compostela, un Colegio concertado ubicado en La Rosa. Allí crecí como pequeño ser e hice amistades que todavía perduran en el tiempo, pero no recuerdo a demasiados profesores, exceptuando a la Madre Begoña, mujer a la que todavía visito cuando tengo tiempo, y que siempre llevaré en la memoria y en el corazón.

Más tarde, a los once años de edad, entré en el Colegio Manuel Peleteiro, antes ubicado en San Pedro de Mezonzo, el centro de Santiago de Compostela. ¡Qué recuerdos! Buenos y malos, pero muchos buenos.
Allí crecí y me formé como persona, conocí a gente que aprecio con toda mi fuerza, y, como es normal, a gente que desearía olvidar.

En cuanto a profesores... No puedo olvidar a un puñado de ellos.
Como estoy escribiendo he de mencionar en primer lugar a Montse, la mejor profesora que jamás pude tener en Lengua Española. Quizá las clases de Literatura fuesen un poco áridas y espesas, pero no conozco a nadie que me haya enseñado a escribir como ella.

Hablando de lenguas no puedo olvidarme del francés... Francesca me acogió el primer año, y Lourdes el segundo, tercero, cuarto, quinto y sexto. Adoro a ambas, la primera siempre ha sido cariñosa y preocupada, amable y amistosa. La segunda... no podría describirla, quizá sea la profesora a la que más haya querido nunca, sabe tratar a sus alumnos como a amigos, y genera en ti esa confianza tan difícil de alcanzar... Es simplemente alucinante. Con ambas viajé a Avignon, un gran viaje.

En cuanto al habla inglesa, Miss Yolanda ocupa el primer puesto holgadamente, el viaje a Oxford y las clases de 3º de la ESO y 2º de Bachillerato no se olvidan.
Gallego... Fonte (acérrimo Deportivista) y la Mini ocupan su lugar.

Hablando de ciencias... Las matemáticas nunca han sido mi punto fuerte, pero la profesora Chon siempre me ha querido igual. Estaré eternamente agradecido.
En Filosofía... Charlie Hermida es un grande, no puedo no acordarme de él.


Quizá me olvide de unos pocos, pero la memoria, a veces, me flaquea.

Muchísimas gracias por enseñarme materia escolar, pero lo que es mucho mejor, muchísimas gracias por enseñarme cómo es la vida real. Un besazo a todos/as!

1 comentario:

  1. Que linda entrada, me gusto tu blog!! espero que quieras pasar por mi blog, yo te sigo... Un beso grande. Segui asi :)

    PD: NECESITO SU AYUDA EN MI BLOG!!
    lamismadesiempree.blogspot.com

    ResponderEliminar